APUNTES PARA EMPRESAS – FEBRERO 2026

“No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta al cambio.” – Charles Darwin

MOMENTO DARWINIANO

Independientemente de cuál sea nuestro pensamiento político, de nuestra visión de qué cosas están bien o mal del pasado y el presente, de si el actual enfoque político-económico podrá sostenerse o no en el tiempo, y de cuán complejas y dolorosas serán las reformas que se están haciendo y las que vendrán, sin dudas asistimos a un cambio que impacta en el funcionamiento de las empresas.

Durante años, en Argentina, la discusión fue macro. Inflación, dólar, déficit, cepo. Las empresas eran perjudicadas o beneficiadas con el desorden general. Hoy el escenario es distinto. Cuando la macro deja de ser excusa, la competitividad interna queda expuesta. Ya no alcanza con esperar un salto cambiario que “arregle todo”, ya no hay licuación que corrija errores de gestión, ya no hay crédito barato que disimule ineficiencia. La macro desordenada disimulaba errores. 

Mientras tanto, el gobierno también entra en su prueba más compleja. Ordenar era la primera etapa. Ahora necesita crecer sin romper lo ordenado, bajar impuestos sin dinamitar el superávit, acumular reservas sin asfixiar actividad, reformar sin perder gobernabilidad.

La estabilidad no regala rentabilidad, la exige. Las empresas deberán demostrar que pueden ganar plata sin los vaivenes de la macro. Durante años el resultado fue muy dependiente del contexto. Hoy depende de la gestión.

Y aparece la palabra de moda para lograr todo esto: EFICIENCIA. Fácil de decir y difícil de concretar puertas adentro, más si durante años no fue el foco ni el factor de rentabilidad. Y esta palabra no solo involucra a la estructura de costos, sino que también cuestiona si se posee el modelo de negocio adecuado, la escala correcta, la gobernanza necesaria y el profesionalismo técnico, comercial, impositivo y financiero que se requiere para este momento.

En un país más previsible, la falta de profesionalización se vuelve más visible.

La pregunta incómoda es: ¿Nuestra empresa es competitiva en un país normal?

LA MACRO EN LA MICRO

Hay dudas que flotan en el ambiente empresario: ¿Por qué la economía no se encarrila si supuestamente se están tomando las medidas macro correctas? ¿Por qué no sigue bajando la inflación? ¿Por qué no se desploma más el riesgo país?

No hay una sola respuesta, ni siquiera entre los economistas serios y profesionales. Todos en general coinciden que abrir la economía al mundo es adecuado, pero discuten la velocidad de la apertura. Todos coinciden en que la inflación bajó mucho, pero discuten si es posible llegar a menos del 10% anual con este modelo. Hay consenso sobre la importancia de sostener el equilibrio fiscal, pero se discute si está maquillado por no haber gastos en obra pública y porque se capitalizan los intereses que vencen en nueva deuda. Se valora la estabilidad del dólar como ancla fiscal e instrumento que da previsión para decidir, pero se discute si hay atraso cambiario. Se valora que exista hace meses superávit comercial, pero se marca que se está achicando. Se destaca que a nivel nacional ha habido una baja de la presión fiscal medida en porcentaje del PBI, pero se duda sobre el “daño” que le provoca al equilibrio fiscal. Se considera positivo que el Banco Central haya empezado a comprar reservas, pero se critica que se demoró mucho en hacerlo. Se valora haber bajado el riesgo país de 2000 a 500 puntos, pero se señala que si no se llega a 300 no hay posibilidades ciertas de acceder al financiamiento del mercado internacional. Se menciona que haber ganado las elecciones le ha dado mucha mayor gobernabilidad a Milei, pero ya se empieza a pensar si esto puede repetirse en el 2027 o si el desgaste de gobernar hará que surja un candidato atractivo de signo opuesto para dar pelea en algún momento. Y así hasta el infinito. Y todos con un poco de razón. En este entorno de luces y sombras, los productores deben operar. Y esto en el marco que señala Ricardo Arriazu: estamos en la parte del cambio donde la construcción de lo nuevo corre más lento que la destrucción de lo viejo. Esos dolores se sienten en algunas actividades con fuerza.

El economista Esteban Domecq utiliza una metáfora que aplica. Menciona que nuestro país está con resaca, luego de años de borrachera. Entendiendo por borrachera la gran cantidad de defaults en la historia, de haberse quedado sin reservas, de haber tenido gobiernos que “truchaban” el indicador de inflación, de largos períodos con exportaciones cerradas, con tasas de interés negativas insostenibles, con pobreza arriba del 50%, con tarifas de servicios que no cubrían ni de cerca el costo real. Una larga noche que no se corrige con un café negro en la mañana. Va a llevar un buen tiempo de hacer lo correcto por un largo período, de que se apliquen las medidas adecuadas, de sostener la apertura, de castigar la corrupción, de valorar y respetar las instituciones, de que la democracia a través del voto genere un Parlamento con más aptitudes. Sin buscar la uniformidad de pensamiento ni líderes que se perpetúen en el tiempo. Terminada la resaca, el futuro ofrece una alternativa para ser un país mejor. Pero mientras, el dolor de cabeza dificulta pensar bien.

Para los que toman decisiones puertas adentro de las empresas, como siempre, su tarea es enfrentar problemas y, sobre todo, dilemas. Dilemas sobre si crecer o no intentarlo. O si creer o no que el país está en un cambio real y permanente de modelo. O si conviene esperar un poco, con el riesgo de entrar tarde. Y no hay una única respuesta, el depende se impone…depende de tu nivel de competitividad, depende de tu capacidad de tomar crédito, depende de tener los talentos para operar los negocios, depende de tener una dirección que pueda evaluar riesgos alineados con la visión y la caja. Y más, mucho más. Ser empresario a veces parece un deporte de riesgo, y requiere dedicación, preparación, flexibilidad y capacidad de adaptación. Darwin de nuevo se cuela en este informe.

EN QUÉ ANDAN LAS EMPRESAS

El clima es la preocupación mayor en este momento porque define, o está definiendo, el rendimiento de la cosecha gruesa y la oferta forrajera. Existen zonas donde la falta de lluvias ya ha definido una merma productiva y otras pelean por lograr rendimientos presupuestados. Muy distinto panorama al que se veía hace sesenta días, donde se esperaba en varias zonas rendimientos agrícolas por encima del presupuesto. Este cambio hoy merma claramente la rentabilidad de las empresas agrícolas.

De los distintos negocios del agro, la ganadería y el girasol son los que proyectan mejor margen. Dependerá de qué proporción posea de estas producciones cada empresa para definir renta. El resto de los negocios se proyectan como “rayeros” o directamente negativos.  

Con este marco general, que define gran parte de cómo cerrará el año, hay otro factor que inquieta a las empresas que lo necesitan, que es el financiero. Donde conseguir financiación bancaria y a una tasa razonable se ha vuelto un ejercicio difícil. Y se nota en los bancos una cierta reticencia a las renovaciones, quizás producto del momento económico del país, pero también por el aumento de la morosidad de sus carteras . Si bien se espera una oferta interesante de créditos en Expoagro, y parece que a tasas más convenientes, los mismos serían para bienes de capital, más que para capital de trabajo. 

Podemos observar, a grandes rasgos, tres tipos de empresas, con funcionamientos y decisiones a tomar bastante diferentes:

–   Las que no poseen problemas de deuda ni de caja (o problemas menores), que tiene mayor margen de maniobra en las decisiones, ventas, coberturas y tipo de crédito a tomar.

–   Las que viven al límite: donde la caja es el problema, las renovaciones bancarias están siendo difíciles, necesitaran vender en cosecha y por lo tanto el margen de maniobra y error se achica.

–   Las que están “cambiando la piel”: son empresas que de alguna manera están repensando su modelo de negocio o su escala. Ya sea por haber entrado a esta etapa macroeconómica con una deuda alta o muy apalancados, o porque su vertical o especialidad están pasando por un momento de precios deprimidos o no rentables (vitivinicultura, yerba, especialidades, y otras). Estas empresas están trabajando en cambios de escala, asociaciones y una profesionalización obligada.

Una complicación adicional es la baja del dólar que ha sucedido en este último mes, que complica aún más a las empresas que basan su negocio en la exportación, con  el correspondiente impacto sobre el precio que recibe el productor. Panorama y momento complejo para muchas empresas, con final abierto y rentabilidades muy exiguas o negativas.

NEGOCIO AGRÍCOLA

La noticia más importante que impactó en el mercado fue el nuevo acuerdo entre EE.UU. y China de aumentar las compras de poroto de soja en 8 M Tn adicionales, comunicadas por Donald Trump a través de redes sociales. Esto produjo una suba de las cotizaciones del poroto en el mercado de Chicago, de la mano de un aumento de las posiciones compradas de los fondos. Se deberá monitorear su cumplimiento porque de no suceder o retrasarse su cumplimiento, generará el efecto contrario en las cotizaciones.

La suba no se trasladó a las cotizaciones locales, como consecuencia de la entrada en cosecha de Sudamérica, y donde seguramente China comprará varias toneladas.

El viernes 20 de febrero, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló los aranceles globales impuestos por la administración de Donald Trump, argumentando que se había excedido en sus facultades. La reacción inmediata del Presidente Trump fue la de anunciar un nuevo arancel global del 15%, con el correspondiente impacto bajista en las cotizaciones de soja en el mercado de Chicago.

Hoy el foco de seguimiento está justamente en la evolución de la cosecha de Sudamérica, tanto en tiempo como en rendimientos logrados. En tiempo porque problemas climáticos pueden retrasar la cosecha y disminuir la calidad de la soja en Brasil, como así también el avance de siembra del maíz de segunda (zafriña) sobre la soja cosechada. En Argentina, nuevas precipitaciones pueden consolidar las producciones proyectadas, que hasta el momento no han mermado en forma significativa en las estimaciones de las Bolsas, tanto de Buenos Aires como la de Rosario.

En el mercado local es baja la cantidad de soja vendida pre-campaña, rondando los 6 M de Tn (sobre una estimación de producción de 48M Tn) y algo mayor en maíz con 14 M Tn (sobre una estimación de producción de 58 M Tn). Esto quizás es producto de una mejor cotización del maíz comparativamente con la soja, y potenciado con la esperanza de una baja de las retenciones en soja. Es importante que aquellas empresas que necesiten vender en cosecha empiecen a definir su estrategia comercial y de logística. porque en un año complicado como el actual, puede penalizar y mucho el precio a lograr.

Coberturas flexibles por un alto porcentaje de la estimación de producción sigue siendo la recomendación a realizar.

NEGOCIO GANADERO

La frase de que “los árboles no crecen hasta el cielo” viene siendo desafiada por los precios de la ganadería en los últimos meses. Obviamente se va a tocar un techo, pero todavía nadie se anima a ponerlo. Este escenario positivo tiene fundamentos clásicos de mercado: menos oferta y más demanda. La menor oferta de los países productores (Brasil, Australia, Estados Unidos, Argentina, etc) surge de que los últimos años se fue produciendo una leve caída de los stocks, que fue necesaria para abastecer el mercado. Hoy esto se está revirtiendo, comenzando tímidamente un proceso de recomposición de stocks en los países. Y al ser la ganadería un proceso biológico lento por naturaleza, cualquier movimiento tarda en reflejarse. Hoy las opiniones coinciden en que o cae o al menos no sube la oferta en los próximos dos años. Y la demanda de carne vacuna está muy firme, motorizada por países asiáticos, pero también por el resto del mundo. Aún peleando con la lógica de las otras carnes (pollo y cerdo) que crecen en volumen y tienen menor precio. Pero aún así el mercado vacuno sigue en alza. China sigue siendo una fuerte aspiradora de carne y ahora está dispuesta a pagar más. EEUU tiene déficit de carne, necesitando aumentar importaciones. Y así en muchos países. Europa pagando la cuota Hilton arriba de los 20.000 u$s/tonelada refleja su interés por carnes de calidad.

En Argentina se proyecta una menor faena para el 2026. Si bien no hay un dato exacto, para llegar a un equilibrio o iniciar una fase de retención habría que tener un techo de 13 millones de cabezas faenadas anualmente. Los últimos años este valor se ubicó más cerca de 13,5 millones. Con el estímulo de precios que hoy tiene el negocio, es de esperar que los productores que tengan pasto o instalaciones de encierre, hagan un intento de poner más kilos por cabeza o retengan más hembras. Bueno para el mediano plazo, pero agrega tirantez en el corto. El precio del ternero se mueve entre los 6500 $/kilo y los 7000 $/kilo según calidad y peso. El novillo bien terminado ya toca los $5000 por kilo. Esto da una relación de 1,40 que vendría a ser históricamente alta, pero que no parece ser un obstáculo para cerrar negocios por ahora. Medido en dólares, estos precios son inéditos. La relación insumo/producto de la carne contra cualquier costo es favorable. El consumo interno instalado entre los 45 y los 50 kilos/habitante/año, mostrando una gran inelasticidad al precio. Y la exportación representa, por ahora, el 30% del destino de la carne.

Los que hoy no están en el negocio lo miran de afuera imaginando cómo entrar y viendo si conviene. Hoy una vaca preñada vale más de 1000 dólares, pocas veces visto. Hay campos que ya no tienen alambrados o instalaciones adecuadas. Poder contratar personas que sepan manejar hacienda y quieran vivir en el campo es complejo. Esto hace que en este tiempo lo que se espera es que crezcan los que ya están en el negocio, aumentando carga, sacando algunos lotes de agricultura, haciendo más corrales de encierre o agregando más kilos por cabeza antes de vender. Por aquí vendrá la primera ola de recuperación de oferta.

La cría que muchas veces fue considerada el “patito feo” del agro, hoy empieza a parecerse a un cisne. Todos revisando estrategias, buscando mejorar procesos y competitividad. Apalancados por un resultado económico, y una recomposición financiera, que estimula a hacerlo. Esto no dura para siempre, pero es una buena oportunidad para dar un salto de calidad en el negocio y revalorizar esta actividad.

NEGOCIO LECHERO 

En enero el precio de la leche Siglea fue de 478,19 $/litro (6753 $/kilo de sólido). El valor del litro creció un 0,3% en el mes y un 7,7% interanual. En sólidos el aumento interanual fue de sólo el 6,3%. De más está decir que la inflación (y los costos asociados para producir) subieron más del 30% y el dólar subió un 40%. Aún en este entorno de precios planchados en pesos hace al menos seis meses, la producción creció cerca del 10% en el 2025. Y aunque enero muestra una caída en el volumen, todo indica que el 2026 puede mostrar un nuevo incremento de leche producida cercano al 5%. La respuesta a este momento horrible del negocio es producir más, buscar eficiencia, aumento de escala productiva. Por supuesto que en el medio sigue el goteo de cierre de tambos chicos o que no se adaptan a la coyuntura. 

Empieza a haber señales que dan aliento e invitan a pensar que, como tantas veces ha pasado, el negocio puede mejorar. Los stocks han bajado, aumentando la necesidad de compra. El consumo interno muestra tendencia a sostenerse o recuperarse levemente. La exportación de nuestro país es muy activa y con mercados demandantes. Y con un precio internacional que, luego de tocar un piso muy bajo, empieza a cambiar la tendencia.

Algunos números. Leche en polvo internacional arriba de los 3700 u$s/tonelada, con un 2,5% de aumento. Aumento bajo o nulo de producción en países competidores respecto a Argentina (en 2025 el promedio mundial marcó un aumento de la producción de leche del 2,5% y en nuestro país fue del 9,7%). Se exportó el 27% del total producido (unos 3120 millones de litros equivalentes), con un mercado algo atomizado donde los principales compradores son Brasil (41%), Argelia (19%), Chile y China (ambos 7%) y Uruguay y Rusia (ambos con el 3%). Así como el precio cobrado por el productor perdió mucho contra la inflación, el consumo interno se mantuvo con aumentos de precios de la suma de leche, lácteos y huevos menos al 20% anual. Queda margen de mejora para el 2026. 

Pero no dejan de llegar noticias de la industria que inquietan. Empresas como Verónica, La Suipachense o Sancor con serios problemas para funcionar o directamente convocadas. Plazos de pago que se han alargado unos días en otras. Posible concentración de más volumen en menos industrias.

A nivel de los tambos, las lluvias según región condicionaron el negocio también. La relación insumo/producto deteriorada para la alimentación, y los costos fijos con un fuerte aumento medido en litros de leche. El valor del alquiler de la tierra también aumentó, marcado por la suba del precio de la soja y la carne. La foto es mala. Queda la expectativa de esas señales positivas que marcamos a futuro, sumado a la experiencia de la gran cantidad de veces que hemos visto los ciclos temporales del negocio. La caja está sufriendo, y obligando a replantear inversiones y estructura de costos.

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