APUNTES PARA EMPRESAS – ENERO 2026

“Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar” – Immanuel Kant (filósofo prusiano)

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INTELIGENCIA MATA INCERTIDUMBRE

Si fuera cierto lo que decía Kant, hay cada vez más personas inteligentes. Porque la incertidumbre parece ser el nombre del juego en estos tiempos. En los negocios y en la política nacional e internacional. Pensemos en nuestro país. En dos años se pasó de una economía cerrada, de alta inflación y de déficit fiscal como instrumento, a una de apertura, caída del índice de precios y de superávit. Con aumento del 50% al 100% en costos medidos en dólares. Donde una persona fuera del sistema (Milei) gana dos elecciones seguidas manteniendo su discurso y sus modos. Y en un alineamiento total con Estados Unidos, que le dio soporte financiero cuando parecía que el modelo económico trastabillaba. La clásica pregunta argenta es si este esquema va a durar o en el 2027 habrá un cambio de rumbo de 180 grados. Motivos para dudar sobran en la historia de nuestro país. 

Sumando incertidumbre, el principal aliado de nuestro presidente es Donald Trump, que se está ocupando de patear varios tableros como Venezuela, mediación Rusia-Ucrania, promesas de ordenar Gaza, amenazas de invadir Irán y de comprar Groenlandia. Y todo junto y en dos años. Cómo se encarrile cada uno de esos conflictos tendrá consecuencias económicas (precio del petróleo y de los alimentos, valor de la tasa de interés) que generarán nuevos ganadores y perdedores. Y vuelta a empezar.

La incertidumbre es inherente a los negocios y al desarrollo de los países. La capacidad para adaptarse a los cambios, e incluso adelantarse, genera oportunidades. Amenazas sobran claro está, pero la respuesta a ellas es lo que hace que el final no esté escrito. En economía se dice que la rentabilidad potencial está directamente relacionada con los riesgos que se asumen. Sin riesgo no hay renta. Correr riesgos no es hacer locuras, es medir consecuencias. Y, para algunos, es seguir el instinto y saltar al vacío. Los grandes avances muchas veces fueron liderados por personas que no eran conscientes de que “no se podía hacer”. Y se prepararon, entrenaron y lo hicieron igual. La inteligencia mata la incertidumbre, al menos a veces.

LA MACRO EN LA MICRO 

A partir del resultado favorable de las elecciones para el gobierno, el escenario cambió. La percepción de la política, y del mercado, es que el rumbo planteado por Milei va camino a profundizarse. Rumbo que podría resumirse en más libertad, menos restricciones en general, acelerar la apertura al mundo, quitar los cepos que quedan y en lo posible bajar impuestos. Por supuesto que todo esto está teñido con un pragmatismo y un manejo de los tiempos no exento de contradicciones en la política económica. El cambio en el régimen de las bandas para el dólar y la estrategia de acumulación de reservas son un buen ejemplo. Flexibilizar, sin dogmas rígidos, parece ser lo que viene. El tipo de cambio actual aparece como más competitivo, aunque la inflación arriba del 2% mensual sigue erosionando la rentabilidad en muchas empresas. El aumento “silencioso” de costos expresados en dólares vino para quedarse y obliga a cambiar prioridades en el manejo de la liquidez. Las tasas de los créditos han bajado, pero se ubican cómodamente arriba del 40% anual en pesos y del 8% anual en dólares. La baja del riesgo país a los 550 puntos permite ser cautelosamente optimista respecto a que en unos meses habrá un costo del dinero más acotado que permita recomponer caja y plantear inversiones que hacen falta.

Con esta música de fondo se mueven las empresas. Y, dependiendo de cada modelo de negocio, se adapta la estrategia. Las que se basan en el negocio ganadero hoy son las que mejor se posicionan. Las agrícolas dependientes del clima, pero con precios mejores a los esperados y relaciones insumo/producto que están estables. Y las lecheras con una perspectiva difícil. Pero todas asumiendo que la caja condiciona las decisiones y que la búsqueda de factores de competitividad (escala, talento, agilidad para decidir, capacidad de gestión, alianzas) será decisiva para lo que viene. Ya no habrá créditos que se licúen, ni moratorias baratas, ni subsidios de costos. Pero puede haber quita o reducción de impuestos nacionales (ya ha habido varios), reglas de juego estables, costos más previsibles, reforma laboral adecuada y pocas trabas al comercio. En ese escenario habrá que moverse. Una de cal y una de arena. Las acciones y decisiones de los que dirigen y gestionan empresas reales, harán la diferencia en los resultados que se logren.

ACUERDO MERCOSUR – UNIÓN EUROPEA

Está a la firma este acuerdo del que se viene hablando hace años. En términos generales coincidimos que resulta algo positivo, promoviendo la tendencia de una mayor apertura al mundo de nuestro país y de la región. Y con un socio que es la tercera economía mundial. Este tipo de acuerdos tiene aspectos económicos concretos, reflejado en determinación de aranceles preferenciales para el comercio. Pero también puede venir con restricciones no arancelarias que resten competitividad o la promuevan. Queda mucho por intercambiar y por negociar. Y con algunos países de Europa cuyos productores muestran una fuerte resistencia a esta integración y donde los gobiernos deberán hacer equilibrio para que funcione. Dejamos una nota de Infobae que resume bien los aspectos principales de este acuerdo.

https://www.infocampo.com.ar/via-libre-para-el-acuerdo-mercosur-ue-que-implica-y-cuales-pueden-ser-sus-beneficios-para-argentina/

EN QUÉ ANDAN LAS EMPRESAS

En general los inicios de año son momentos de balance. Y de mirar hacia adelante tratando de poner arriba de la mesa las variables conocidas e intentar armar escenarios con las variables desconocidas. Para así pensar acciones a realizar, y decisiones futuras a tomar. Trataremos de hacer ese ejercicio. 

  El año productivo se encamina (de no tener sorpresas negativas), a un año de buenos volúmenes de producto. Lo vimos en trigo y en teoría lo veremos en soja y maíz.

  A nivel de precios, los problemas de logística, las perspectivas productivas internacionales, y los conflictos geopolíticos, pueden traer sorpresas de volatilidad de precios, llevando los mismos a valores inferiores a los actuales.

  Las tasas de interés, si bien bajaron, siguen altas. Esto llevará a que en algún momento habrá que decidir cómo financiarse, y obligará a tener un buen manejo de los excedentes temporales.

  El buen momento de la ganadería empuja la caja.

  Los insumos estables pueden generar oportunidades de canjes en precampaña, donde poder cerrar relaciones insumo/producto convenientes.

  En algún momento vender y colocar a tasa de interés el producto de la venta, puede ser una mejor alternativa que retener los granos. 

  Tenemos un año no electoral, con tipo de cambio estable e inflación bajando. Es decir, no se esperan sorpresas en este sentido

  Se piensa que puede haber una nueva baja de retenciones, con reforma fiscal y laboral.

Este contexto forzará a tomar decisiones distintas en forma permanente, en áreas donde quizá el productor no se sienta tan “cómodo”. Tales como son las decisiones de venta , cobertura de precios y el manejo financiero de excedentes y faltantes, para así definir la renta de la empresa. En un año donde lo productivo parece no ser el problema central generalizado. Y además se deberán tomar decisiones para la campaña que viene (inversiones, expansión, quedarme como estoy, achicar), cuya cosecha 2027 será en un año electoral.

Las empresas están en lo que definimos como un año de “pico y pala”. Es decir, un año de mucho trabajo en la toma de decisiones para optimizar la rentabilidad.

NEGOCIO AGRÍCOLA

Ser analista de mercado se ha vuelto, sin dudas, un trabajo insalubre, ya que las decisiones y comentarios del presidente de EEUU, el Sr. Trump, cambian en forma permanente los ánimos y las perspectivas de los mercados.

Vamos a la parte sencilla. El último informe del USDA aumentó las producciones y excedentes esperados en los distintos granos, teniendo en cuenta las buenas perspectivas de  la cosecha gruesa sudamericana, que parecería ser récord. Y pronostica un aumento de la producción de trigo en el hemisferio norte en la próxima campaña. Datos bajistas, con cierta sorpresa para el mercado. Además China está cumpliendo muy lentamente su promesa de compra de soja norteamericana lo que, de no suceder, daría otro golpe de baja a las cotizaciones. En medio de todo esto, EEUU realiza su incursión a Venezuela y realiza todo tipo de comentario de cómo será a futuro la explotación y producción de petróleo en ese país. Todos sabemos que existe una relación entre el valor del petróleo y el valor de los granos. Cómo puede afectar esta medida a los mercados, y en qué tiempo, es una incógnita. 

Pero como si eso fuera poco, los dichos de la posible intervención en Irán le aportan otro condimento a toda la problemática. China, Irán y Brasil, entre otros,  son países miembros de los BRICS. China podría, de considerarlo necesario, tomar una represalia comercial contra EEUU disminuyendo, o retardando, sus compras de soja, sabiendo que dentro del grupo posee un socio como Brasil que puede sustituir al país del norte como proveedor del poroto. Ya sucedió en parte el año pasado, cuando en plena “guerra comercial”, China originó la soja que necesitaba desde Brasil y Argentina, con el consecuente impacto en los precios internacionales de la oleaginosa. Con lo cual las acciones y dichos de Trump pueden tener un impacto concreto en los mercados de granos y generar una reconfiguración de las distintas relaciones compra/venta entre los países. Saber cómo impactarían en Argentina estas posibles acciones (a favor o en contra) es imposible de imaginar.

En el mientras tanto, en el plano local hay dos situaciones a tener en cuenta:

  La logística en cosecha para soja y maíz, parece ser un problema que se repetirá, tal cual sucedió en trigo, y con un costo aproximado de entre 15 y 20 U$S/Tn.

  Hay varias cotizaciones de granos que están por encima del precio de paridad (la capacidad teórica de pago). Esto puede producirse o por una necesidad puntual de mercadería de parte de la demanda, o porque existe una expectativa de baja en las retenciones.

 Lo mencionado obliga a revisar la política de proyección de ventas. Pareciera que la medida “clásica” del productor de vender solo lo que necesita y luego esperar, podría tener riesgo de bajas importantes. La recomendación sería tratar de salirse lo más posible de necesidades de venta en momentos de cosecha y realizar coberturas de precios flexibles (sin comprometer físico) por un porcentaje alto de la producción estimada.

 Una buena noticia es que la Bolsa de Comercio de Rosario informó que el mercado A3 (Matba-Rofex), llegó a operar 90 MT hasta el mes de diciembre, cifra récord en la vida del mercado. Obviamente que el porcentaje más alto de las operaciones se lo lleva la soja con un 57% de las mismas. Es una buena noticia dado que al aumentar el volumen de operaciones, el mercado ofrece cada vez más alternativas de coberturas y liquidez para realizar operaciones.

NEGOCIO GANADERO

La ganadería tiene presente y no sólo futuro. Muchos indicadores alientan a pensar que existe un escenario de oportunidades para este negocio como hace tiempo no se daba. De ahí a que se puedan aprovechar en forma sostenida, hay un trecho por recorrer. Veamos las variables principales.

A nivel interno, la oferta de hacienda que va a faena viene disminuyendo progresivamente los últimos meses, con una caída aproximada del 7%. Y durante el 2025 fue de cerca del 3% respecto al 2024. Esta disminución intenta compensarse tímidamente con un mayor peso por animal (unos 3 kilos en promedio), pero este será un camino lento. Al igual que lo será la recuperación de los vientres (en cantidad y en eficiencia reproductiva) que puedan volcar más terneros al mercado. Mientras esto sucede, el consumo interno resiste y hasta mejora, siendo hoy de unos 48 kilos/habitante/año. A los argentinos nos gusta la carne, aunque suban los precios en el mostrador. Y, si no es carne vacuna, será de pollo o de cerdo. Entre las tres suman un consumo promedio de más de 110 kilos/hab/año, siendo uno de los tres países que pueden mostrar este nivel de consumo de proteína animal. Y a nivel internacional la demanda también está sostenida y con precios recuperados. Las cuotas (Hilton y 481) con buenos precios. Negocios con Israel y Europa firmes. Y China, que compra el 70% de las exportaciones de carne vacuna argentina, con precios en alza. Respecto a China cabe resaltar que, en defensa de su producción interna, ha establecido cupos máximos anuales a distintos países. En el caso de Argentina esta medida tiene impacto neutro en el mediano plazo (el cupo es similar a lo que hoy se exporta), pero a Brasil le pegó fuerte ya que el cupo representa entre un 20% y un 30% menos de volumen que lo que viene enviando a ese país. Este movimiento va a reformular el modelo comercial en el 2026. Como se ve, mucha actividad y cambios.

La pregunta es si la Argentina podrá sacar mayor provecho. Y para hacerlo necesita generar más carne. Hoy el stock vacuno no crece, pareciera que hay equilibrio y que no estamos en un proceso marcado de liquidación o retención. Los precios que recibe el productor son comparables a los máximos pagados en 2009 y en 2022. Esto puede actuar como un estímulo a crecer y retener, lo que agravaría en el corto plazo la falta de oferta, generando más suba de precios. En otros momentos políticos esto hubiera despertado alarmas por la posible intervención del gobierno de turno “para proteger la mesa de los argentinos”. Ese escenario hoy parece más que improbable. En este entorno, hoy el novillo vale unos 4300 a 4400 $/kilo, los novillitos arriba de los 4600 $/kilo, la vaca gorda en el orden de los 3400 $/kilo y el ternero de invernada arañando los 6000 $/kilo. Y los vientres preñados coqueteando con el equivalente a 1000 dólares. Buenos precios y sin expectativa de bajas relevantes, más allá de las oscilaciones que siempre muestra el mercado. Y con buenas relaciones insumo/producto respecto a los costos de suplementación o de generación de forraje. Los valores de arrendamiento de campo, medidos en kilos/ha, van a intentar un escalón hacia arriba por parte de los dueños de campo. Nos parece que no hay margen económico para que eso suceda, sobre todo en el caso de los campos de cría, actividad que recién ahora muestra signos ciertos de recuperación. En este escenario promisorio, los frigoríficos intentan mantener competitividad y mercado, pero con dificultades. Con un novillo “caro” respecto al mercado internacional y con una potencial caída de la faena que no diluya sus costos fijos, no sería raro que siga el proceso de concentración de la industria en menos manos. 

La ganadería, por definición, es de procesos lentos y silenciosos. Esto enmascara a veces la profundidad de los cambios que ocurren a nivel de los productores, de la industria y del comercio. Y obliga a revisar la estrategia de cada eslabón.

NEGOCIO LECHERO 

En diciembre el precio de la leche Siglea fue de 476,60 $/litro (6759 $/kilo de sólido). El valor del litro creció un 7,3% interanual y el 1,2% respecto al mes anterior. El deterioro continúa, reflejado en una relación insumo/producto que ha empeorado y que se refleja en que hoy no se llegan a comprar 2 kilos de maíz por litro de leche, valor de referencia ineludible. Con una inflación cercana al 31% anual en el 2025 y un precio de la leche estancado, es lógico. En dólares ya se ubica en valores cercanos a los 0,30 u$s/litro, un 20% menos que hace un año aproximadamente. Se cerró el año 2025 con un aumento de la producción del orden del 10% anual, empujado sobre todo por las mejores condiciones del primer semestre y por un año que climáticamente favoreció la producción de forraje. Pero esa foto hoy no está, por lo que el 2026 proyecta poco aumento de la producción y menor cantidad de tambos. La necesidad imperiosa de mayor escala, mayor uso de tecnología y de alta eficiencia en los procesos, va arrinconando a los tambos que no se adaptan. Ha pasado en casi todos los países. 

El consumo interno se sostiene en los 180 litros de equivalente leche por habitante y por año, pero los precios al consumidor han subido la mitad que la inflación para poder sostener ese consumo. Las exportaciones, que representan un 24% del destino de la leche, también enfrentan precios muy deteriorados. El reflejo se da en la leche en polvo entera que hoy vale unos 3200 u$s/tonelada en el mercado internacional, y hace un año superaba cómodamente los 4000 dólares.

La industria muestra señales de alerta. Por la necesidad de liquidez se ofrecen algunos productos al mercado interno que a duras penas cubren los costos. Las Pymes enfrentan un mercado que recién ahora empieza a repuntar, lo que ha disminuido su capacidad de pago. Muchas empresas en proceso de convocatoria muestran un momento de alta incertidumbre. 

Esta foto del negocio se da en un marco donde los lácteos siguen siendo demandados y valorados por su aporte nutricional. Es de suponer que, cuando se recomponga el equilibrio entre oferta y demanda, la rentabilidad volverá a aparecer. Mientras, cada eslabón está obligado a revisar su estrategia de negocios y ponderar su capacidad para atravesar este ciclo desfavorable.

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