“Las cosas no son lo que parecen.” — Heráclito (filósofo griego)
NO SON LO QUE PARECEN
En las últimas semanas se consolidó una idea bastante extendida que refiere a que el sector agropecuario sería uno de los beneficiarios del actual esquema económico por su nivel de actividad. Los números, especialmente los vinculados a exportaciones, ayudan a sostener esa percepción. Pero cuando uno corre el foco de las estadísticas y se acerca a lo que está ocurriendo en las empresas, lo que se observa es distinto.
La campaña en curso, aún sin cerrar, combina una cosecha potencialmente récord con riesgos concretos. Las lluvias demoraron las labores de cosecha, complicaron a la ganadería y a los tambos en distintas zonas, introdujeron incertidumbre sobre la calidad de lo cosechado y agregaron tensión en la logística. En paralelo, la suba de los combustibles generó conflictos operativos concretos, como las recientes dificultades para acceder a los distintos puertos, generando pérdidas relevantes en plena ventana comercial. A esto se suma un frente internacional mucho más inestable y de duración, consecuencias y final abierto. Los conflictos de Medio Oriente comienzan a trasladarse a costos: suben los fletes locales e internacionales, los seguros, los fertilizantes y otros insumos clave. En un negocio de márgenes ajustados, estos movimientos, no son de impacto menor.
Sin embargo, el punto más relevante no pasa solo por lo coyuntural. Distintas economías regionales muestran señales claras de deterioro. La industria láctea en plena reconversión, la vitivinicultura atravesando una situación compleja, la fruticultura muy golpeada y la cadena del maní enfrentando números negativos. Lo mismo ocurre en eslabones como la distribución de insumos, donde los propios actores, en su último congreso, reconocen una fuerte compresión en sus márgenes de distribución.
A este cuadro se suma un factor transversal: el tipo de cambio. Nuestra moneda, el peso, por alguna razón en estos meses tiende a apreciarse (baja el tipo de cambio) generando lo que solemos llamar un atraso cambiario o un dólar atrasado, que impacta de lleno en la competitividad exportadora. Por un lado, encarece los costos medidos en dólares; por el otro, reduce la capacidad de pago de los productos exportados. La consecuencia es una presión creciente sobre toda la cadena agroindustrial. El mercado interno tampoco ofrece gran alivio. La caída en el consumo, especialmente en la industria alimenticia, agrega una capa adicional de complejidad para empresas que ya operan con márgenes estrechos.
En síntesis, conviven hoy dos miradas sobre el agro. Una, apoyada en los grandes números, que sugiere un sector fortalecido. Otra, más cercana a la realidad operativa de las empresas, que refleja tensiones crecientes y resultados cada vez más ajustados o directamente negativos, dependiendo el vertical que se analice. Entender esa dualidad —y no quedarse sólo con la foto— es clave para interpretar correctamente lo que está pasando.
LA MACRO EN LA MICRO
El gobierno se ocupa de generar expectativas diciendo que “lo mejor está por venir”. La oposición más extrema se ocupa de señalar que “el plan económico fracasó”. La oposición más amigable coincide con los principios básicos del plan económico, pero despotrica contra los modos y los daños colaterales que generan los tiempos de implementación de los cambios. Parte de la sociedad acompaña diciendo “alguien tenía que hacer estos cambios”, y otra parte señala que “estos son tan casta y corruptos como los anteriores”. Los inversores se empiezan a preguntar qué puede pasar en el 2027, año electoral…¿continuidad o giro de 180 grados? En definitiva, nada nuevo por estos pagos. O al menos un escenario que los empresarios argentinos han atravesado muchas veces. Guste o no guste, somos lo que somos. Las decisiones se tomarán igual en las empresas del agro. Algunos asumiendo el riesgo, invirtiendo y haciendo el esfuerzo de crecer, y otros con estrategia defensiva o hasta saliendo del negocio.
Desde los indicadores, el decrecimiento del PBI superior al 2% anualizado a febrero y la inflación del 3,4% de marzo, fueron muy malas noticias. Todo indica que esta inflación fue un pico y que en abril retoma un camino descendente, pero aspirando al 2% en los próximos meses y no esperando que empiece con cero en breve. Con un tipo de cambio quieto a pesar de las compras del Banco Central, en su rally por aumentar las reservas y generar confianza y capacidad de pago si hace falta. El FMI acompañando. El superávit fiscal y el comercial siguen positivos, con un mensaje de que en estos meses “los dólares sobran”. pronóstico que no suele ser cierto en nuestro país. El financiamiento del gobierno por ahora está tomándose puertas adentro de la Argentina, por tener un riesgo país que no quiere perforar los 500 puntos. La buena noticia es que hay organismos internacionales dispuestos a respaldar como garantes la emisión de deuda del Poder Ejecutivo. Si funciona, se puede esperar una baja del costo del dinero. Esta posible baja de tasas sería un dinamizador del consumo y de las inversiones. Se empieza a hacer popular el mensaje de que el crecimiento se refleja con la letra K (vaya ironía…). Sectores que crecen (energía, agro, servicios financieros) y sectores que decrecen (industria, comercio, construcción). O sea que el promedio refleja poco porque el desvío es alto. El tema es que los sectores que se achican suelen ser los mayores dadores de puestos de trabajo, en particular en los centros urbanos y en los conurbanos. Y en breve arranca el juego de los lectores de encuestas, buscando entender en qué están pensando los votantes. El gobierno parece que tomó nota, al menos escuchando algunas declaraciones del presidente reconociendo el momento difícil.
En esta macro, que a pesar de sus problemas no deja de ser mucho mejor que otras que hemos vivido, habrá que moverse. En un mundo convulsionado que potencia la incertidumbre. Oportunidades hay, para los que tengan mirada de largo plazo. Cuidando mucho la caja, porque la rentabilidad media del agro es menor a la que se escucha . Todo indica que se mantiene la tendencia de concentración de los negocios en general, en una búsqueda incesante de competitividad e incorporación de tecnología que mejore eficiencia y reduzca costos. Va a estar movido el oleaje para navegar esta campaña, habrá que pilotear los mareos.
EN QUÉ ANDAN LAS EMPRESAS AGRÍCOLAS
Para la mayoría de las empresas, la campaña todavía permanece abierta. Las lluvias de las últimas semanas retrasaron significativamente el avance de cosecha y comenzaron a generar impactos diferenciales según zonas. Mientras algunas regiones lograron sostener relativamente bien la situación, en otras empiezan a aparecer problemas más serios vinculados tanto a calidad como a cantidad. Esto implica que, aun con estimaciones productivas elevadas, el resultado económico final de muchas empresas todavía no está definido.
La logística volvió a transformarse en otro foco de tensión. El aumento en los fletes y el conflicto con transportistas complicó el movimiento de mercadería en distintas regiones, afectando la operatoria sobre los distintos puertos, especialmente sobre Necochea. En campañas de márgenes ajustados, este tipo de problemas operativos deja de ser un problema secundario: mayores costos, demoras y pérdidas de calidad impactan directamente sobre el resultado final.
Desde lo financiero, si bien las tasas de interés comenzaron a mostrar cierta baja, el alivio todavía resulta parcial. En paralelo, la disminución del tipo de cambio deteriora márgenes en buena parte de las empresas agrícolas e industriales. El problema no pasa solamente por el valor del dólar, sino por la dinámica relativa entre ingresos y costos: mientras muchos costos continúan ajustándose al alza en dólares, la capacidad de captura de valor de la producción pierde competitividad.
Pensando hacia adelante, próxima campaña, empiezan a aparecer interrogantes. El aumento en el precio de la urea obliga a replantear el negocio de trigo y maíz en varias zonas productivas, dada la alta incidencia de la urea en los planteos productivos. Se comienza a analizar disminuir área de estos cultivos y/o switcheo por cultivos alternativos. La “pelea” por los arrendamientos ya comienza con miradas opuestas entre ofertantes y demandantes, veremos cómo se llega al equilibrio en la campaña.
Todo esto ocurre, además, en un país que lentamente comienza a ingresar en clima electoral del 2027. Aunque todavía parezca lejano, el proceso político empieza a incorporarse nuevamente en las decisiones empresariales y comerciales. Ante este panorama se observan opiniones de esquemas más defensivos que ofensivos entre las empresas.
En síntesis, las empresas agrícolas enfrentan hoy un escenario donde el problema ya no es únicamente productivo. La combinación de problemas climáticos, presión sobre costos, apreciación cambiaria, tensiones logísticas y ruido político empieza a configurar un contexto de mayor complejidad. En este marco, administrar riesgos, cuidar la caja y preservar márgenes vuelve a ser decisivo en las empresas.
NEGOCIO AGRÍCOLA
El conflicto en Medio Oriente marca la evolución de los precios en los mercados internacionales. Más allá de la evolución militar del conflicto, el verdadero interrogante pasa por su duración y por la capacidad que tenga de alterar relaciones comerciales, flujos logísticos y expectativas globales. Los mercados reaccionaron como era esperable. Los fondos especulativos comenzaron a incrementar posiciones compradas en commodities agrícolas, alcanzando niveles que no se observaban desde 2023. La lógica detrás de este movimiento es bastante conocida: en contextos de incertidumbre global, pocos jugadores desean quedar vendidos. La volatilidad pasa a tener premio.
Dentro de este escenario, el petróleo vuelve a transformarse en una variable central. Cuando el crudo sube, los aceites vegetales suelen acompañar el movimiento ante la expectativa de una mayor demanda vinculada a los biocombustibles. Esto explica parte de la recuperación observada recientemente en algunos complejos agrícolas, particularmente en soja y aceites.Sin embargo, el problema no pasa solamente por los precios de venta. Del otro lado de la ecuación empiezan a acumularse presiones sobre los costos. Combustibles, fletes marítimos, seguros y fertilizantes muestran tendencias alcistas, sin saber si estas son temporales o se mantendrán en el tiempo. En consecuencia, la relación insumo-producto vuelve a deteriorarse en varias actividades agrícolas.
Una cuestión relevante es que los fundamentals globales de los granos continúan mostrando, en términos generales, un mercado bien abastecido. Es decir, el mundo no enfrenta hoy un problema de oferta agrícola. Por lo tanto, aun cuando el contexto geopolítico pueda generar recuperaciones de precios, no necesariamente implica un cambio estructural de tendencia. En otras palabras: los commodities podrían subir, pero si los costos lo hacen a una velocidad similar —o incluso mayor—, la mejora de rentabilidad puede terminar siendo muy limitada. Este punto empieza a ser central en muchas empresas agrícolas, donde el foco ya no está únicamente en capturar precio sino en defender margen.
En Estados Unidos, además, el mercado sigue mirando con atención la próxima campaña. Todo indica que habrá un incremento en el área y producción de soja, agregando presión potencial sobre un mercado que ya se encuentra relativamente ofrecido. A esto se suma otra incógnita importante: si China efectivamente cumplirá con los compromisos de compra de aproximadamente 20 millones de toneladas de soja estadounidense. En un contexto global más fragmentado y geopolíticamente sensible, las relaciones comerciales vuelven a transformarse en un factor estratégico.
A nivel local, la comercialización avanza. Para soja se proyecta una producción cercana a 48 millones de toneladas. De ese volumen, aproximadamente 11 millones ya fueron vendidas, aunque solamente unas 4,4 millones tienen precio firme. En maíz, con una producción esperada cercana a las 60 millones de toneladas, las ventas rondan las 22 millones, con cerca de 15 millones ya con precio. Es lógico que ante este contexto las ventas por parte de los productores se ralentice, y se realicen solo para cubrir las necesidades, esperando novedades de algún tipo sean internacionales o locales. Un aumento del tipo de cambio o una baja en la retenciones, más allá de la posible concreción en el periodo de necesidad de venta, son dos variables que los productores tienen en la cabeza.
Ante este escenario, la recomendación sigue siendo tener altas coberturas flexibles, sin compromiso de la mercadería, poniendo mucho foco en las necesidades de venta en cosecha ante posible aumento de costo de logística de entrega.
CONGRESO DE DISTRIBUIDORES DE INSUMOS
Se realizó la cuarta edición del Congreso de Distribuidores del Agro (CDA), donde se convoca anualmente a repensar el canal de distribución de insumos. Cerca de 1300 personas asistieron al evento donde los temas tratados fueron entre otros: la visión de los distribuidores de los márgenes de su negocio, el futuro de la distribución agropecuaria en la Argentina, la toma de decisiones “puertas adentro” de las empresas y el impacto de la tecnología en la logística y la última milla.
RIMI (RÉGIMEN DE INCENTIVO PARA MEDIANAS INVERSIONES)
El gobierno reglamentó el 13 de abril el RIMI, cuya finalidad es incentivar inversiones productivas de micro, pequeñas y medianas empresas. Es un beneficio fiscal que impacta sobre ganancias e IVA, si lo comparamos con los mecanismos anteriores para realizar inversiones en las empresas. Existen requisitos y condiciones para acceder al beneficio fiscal, pero es una buena medida para incentivar las mismas en el sector.
https://contadoresenred.com/regimen-de-incentivo-para-medianas-inversiones-rimi/
SE ARREGLÓ EL CONFLICTO EN LOS PUERTOS
El conflicto con los transportistas comenzó a principios de abril, impulsado inicialmente por reclamos vinculados a la actualización de tarifas frente al aumento de costos, especialmente combustible. Sin embargo, aún luego de alcanzarse acuerdos tarifarios parciales, las medidas continuaron en distintos accesos portuarios, afectando principalmente la operatoria en Bahía Blanca y Necochea/Quequén. El impacto económico comenzó rápidamente a escalar: demoras logísticas, buques esperando carga, mercadería retenida, dificultades operativas en plena cosecha y como consecuencia pérdidas económicas importantes. El avance de la cosecha de soja parece haber incentivado a terminar con este conflicto.
HIDROVÍA
La licitación de la Hidrovía Paraná-Paraguay está entrando en etapa de definición, con dos consorcios europeos (Jan De Nul-Servimagnus y DEME) precalificados para operar la vía por 25 años. Se busca concesionar el mantenimiento, dragado y señalización de la Vía Navegable Troncal por 25 años sin aval estatal, con peajes. Una obra clave para el comercio de granos. Más allá de los avances de la licitación, aún existe polémica sobre características técnicas del proyecto y de los pliegos, y el que mejor lo refleja es el Ing. Alejandro Bustamante.
https://horizonteadigital.com/hidrovia-quien-se-va-a-comer-el-queso/
NEGOCIO GANADERO
La fiesta de precios sigue, pero bajó un poco el ritmo de la música. De tocar unos precios máximos, hubo un leve retroceso en abril. Si es transitorio o permanente lo dirá el tiempo, pero aclarando que se sigue con valores muy altos. El ternero que había pasado los 7000 $/kg ahora se negocia más parecido a 6500/6700 $/kg. El novillo que buscaba los 5000 $/kg se acomoda ahora más cerca de los 4500 $/kg. Los vientres (la fábrica de terneros) mantuvieron valor. Estos vaivenes son naturales, es oferta contra demanda. Desde la demanda, la exportación, a pesar de las dificultades, mantiene o sube el volumen exportado. Con la Hilton superando los 23000 u$s/tonelada y los países compradores (China, Israel, Estados Unidos) con demanda sostenida o creciente. El estímulo hoy supera al negocio puntual. Eso hace que el 30% o más de la carne que se comercializa, se exporte. Hay futuro por ese lado. Con una novedad de último momento acerca de la aparición de un brote de aftosa en una isla de Grecia, dato menor pero a seguir para ver si escala. La demanda interna, el consumo, con alguna baja en los kilos consumidos porque es menor la cantidad ofertada y además la capacidad de pago ha caído un poco, poniendo un freno a los aumentos de precio. Los fundamentos positivos siguen firmes. La faena sigue cayendo y se especula que este año puede haber cerca de un millón de cabezas menos faenadas que el año pasado (de 13,7 a 12,8 millones). Esta baja de la oferta no logra abastecer a una demanda que crece (afuera) o se mantiene (adentro). Los demás países oferentes (Brasil, Australia, EEUU) están en un proceso similar.
El dato de una leve disminución del stock ganadero nacional no es positivo. Pero se observa una compensación por eficiencia, ya que mejoró la cantidad de terneros logrados por vientre y subió algo el peso de faena. Se observa en los productores que tienen ganadería una cierta voluntad por crecer. Hay inversiones para mejorar las instalaciones que hay (mangas, alambrados) y también por inversiones nuevas (corrales de encierre, aguadas) o buscando ampliar superficie a través del alquiler o de pasar superficie de calidad regular de la agricultura a la ganadería. Pero es un proceso lento y con algunas limitaciones. Que pueden ser limitantes de capital propio o crediticio, o bien de mano de obra calificada en el rubro. Existen consultas de personas que, sin ser del negocio, les gustaría invertir en vacas, pero no existen vehículos tan generalizados, ágiles y confiables como ocurre en el negocio de siembras a escala. Hay una oportunidad, compleja, de unir esas puntas.
El clima, con excesos hídricos en varias zonas, si bien potencia la producción de pasto, juega en contra por tener falta de piso los lotes y ser más “aguachento”, disminuyendo ganancias diarias de peso. Y con ese exceso de agua complicando la cosecha de soja y maíz, y en algún caso atrasando la confección de silos. El aumento de costos generalizado, en particular de combustible y fertilizantes, si bien pueden ser absorbidos por la rentabilidad actual, no dejan de “erosionar” el negocio. Los criadores, los que tienen las vacas, siguen aprovechando su momento por tener “la figurita difícil”, el ternero y la ternera. Y esta escasez no se corregirá con rapidez. Los engordadores, si bien les preocupa la relación compra/venta, siguen teniendo negocio, aunque el aumento de costos también empieza a pegarles. La industria ha perdido competitividad, como dijimos, y esto puede llevar a un lento proceso de concentración (o de cambio de dueños) en el tiempo. Negocio vivo, escenario desafiante, partido en desarrollo.
NEGOCIO LECHERO
La lechería sigue en busca de la rentabilidad perdida. Los precios no repuntan en términos reales. El precio Siglea de marzo fue de 489,16 $/litro (6633 $/KSU), lo que significa que vale entre un 7% y un 8% más que hace un año. Contra una inflación cercana al 33%. La industria está pagando mejor por litro que por kilo de sólido, estrategia que no terminamos de entender. El precio de la leche en dólares se ubica en 0,35 u$s/litro mientras que nuestros vecinos (Uruguay, Chile) superan los 0,45 u$s/litro. Y los tambos con costos crecientes de producción (maíz, combustibles, fertilizantes) y también de costos fijos medidos en dólares o en litros de leche (salarios, servicios, impuestos). Una combinación letal. Y, en algunas zonas, como parte del oeste de la provincia de Buenos Aires, con inundaciones periódicas que complican el manejo y la logística de entrada de alimento y salida de leche, agotando a la gente. Hace tiempo que no se alineaban los planetas para el lado equivocado todos juntos. La industria con situaciones distintas. Sancor en quiebra declarada. La Serenísima concentrándose en menos dueños (salida de los Mastellone). Verónica y La Suipachense semi paralizadas. Y un sector gremial que no colabora en nada.
En este panorama, la producción de leche en Argentina siguió subiendo en el bimestre enero-febrero a un ritmo del 10%. No sería la tasa de crecimiento proyectada del año, pero para la demanda actual, “sobra” leche. Y si sigue creciendo, sobra más. Los principales países productores también suben la producción, aunque a tasas del 4% a 5% anual. La demanda de leche se mantiene en términos generales, pero no aumenta. Por lo tanto, es dable esperar un estancamiento de los precios por un tiempo más. En góndola, los productos lácteos (leche, quesos, manteca, yogur) muestran aumentos interanuales de entre el 15% y el 25% en promedio, un ritmo que acompaña la capacidad de pago. En algunos informes se deja ver una esperanza de que a partir de julio podría iniciarse un cambio de tendencia.
Sigue el goteo de cierre de tambos o bien de cambio de dueños que alquilan con las instalaciones. El rodeo de vacas no parece disminuir según los datos disponibles. Esto refleja la búsqueda de escala para ayudar a sostener la competitividad. El negocio de la leche suele ser la búsqueda constante de producir un litro de leche a bajo costo por unidad. Este criterio hoy se potencia, para ser el puente entre un hoy poco atractivo y un futuro esperado bastante mejor. La lechería se caracteriza por ser cíclica. Pero este ciclo está durando demasiado.

