Guerra y deshonor – Apuntes para Empresas, agosto 2026

“Les dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Eligieron el deshonor, y tendrán la guerra.” – W. Churchill

ENTRE LA ECONOMÍA Y LAS ELECCIONES

En la antesala de la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro británico Winston Churchill cuestionó duramente el Acuerdo de Múnich de 1938 (pacto de no agresión con Hitler) con una idea que luego quedó sintetizada en una frase célebre: “Les dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Eligieron el deshonor, y tendrán la guerra.”

Salvando las enormes distancias históricas, la lógica de aquella advertencia permite pensar una de las disyuntivas que enfrenta hoy el gobierno de Milei.

El programa económico ha puesto buena parte de sus esfuerzos en ordenar determinadas variables macroeconómicas: equilibrio fiscal, baja de la inflación, fortalecimiento del Tesoro y del Banco Central, superávit comercial. El problema es que el éxito de esas variables no necesariamente se traduce con la misma velocidad en una mejora perceptible de la economía cotidiana. Y el tiempo económico y el tiempo político no siempre corren a la misma velocidad.

El Gobierno necesita tiempo para que el ordenamiento de la macro llegue a la micro. Pero, al mismo tiempo, necesita que esa mejora llegue a la micro para que la sociedad esté dispuesta a concederle ese tiempo. Allí aparece el dilema.

Sostener el rumbo supone aceptar el riesgo de llegar a 2027 con una macroeconomía más ordenada, pero con una parte de la sociedad que todavía no perciba suficientemente sus beneficios. Y, por lo tanto, correr el riesgo de perder las elecciones precisamente por haber preservado aquello que el gobierno considera la base de su programa.

La alternativa sería intentar acelerar la mejora de la economía cotidiana, flexibilizando algunas de las restricciones que hasta ahora caracterizaron al programa. El objetivo sería comprensible: aumentar las posibilidades de ganar en 2027 para disponer de otros cuatro años que permitan consolidar el cambio iniciado. Pero allí aparece la paradoja de Churchill.

El Gobierno podría verse obligado a elegir entre arriesgar las elecciones para preservar su programa o arriesgar su programa para intentar preservar sus posibilidades electorales.

Y los riesgos no son simétricos. Si mantiene el rumbo, puede perder las elecciones. Pero si modifica aquello que considera esencial para intentar ganarlas, puede deteriorar los resultados económicos alcanzados y descubrir después que el sacrificio tampoco fue suficiente para conservar el poder.

En una adaptación libre de la advertencia de Churchill, el gobierno puede verse obligado a elegir entre arriesgar la economía o arriesgar las elecciones. Si arriesga la economía para no perder las elecciones, puede terminar perdiendo las dos. Vaya dilema.

Quizás, entonces, la verdadera incógnita de los próximos meses no sea solamente económica ni solamente electoral. Es una cuestión de tiempos. ¿Llegará la mejora en la micro antes que las elecciones, o llegarán las elecciones antes que la mejora en la micro?

De la respuesta a esa pregunta puede depender buena parte de lo que ocurra en los próximos años en nuestro país.

LA MACRO EN LA MICRO

Al cierre de agosto, los últimos datos disponibles muestran una inflación mensual cercana al 2%, continuidad del superávit fiscal, un saldo comercial elevado, acumulación de reservas por parte del Banco Central y una actividad económica con diferencias importantes entre sectores.

Aunque en los últimos meses muchos pronósticos no se cumplieron, vale citar las expectativas de la encuesta REM que publica el Banco Central. Los analistas relevados proyectan para 2026 un crecimiento real del PBI de 2,7%. Para el comercio exterior esperan exportaciones por USD 100.207 millones e importaciones por USD 76.773 millones, lo que dejaría un superávit comercial de USD 23.434 millones, un valor muy alto en términos históricos. Para diciembre las proyecciones ubican al tipo de cambio nominal en $1.652 por dólar. En materia fiscal, el REM proyecta para 2026 un superávit primario de $15,6 billones, equivalente aproximadamente a 1,4% del PBI. El REM no releva proyecciones de resultado financiero, pero los indicadores muestran que puede estar entre el 0,1% y el 0,2% del PBI.

O sea que “el mercado” indica como probable un futuro macro ordenado en sus principales variables.

Mientras, la micro del agro muestra un mosaico de situaciones. Ha habido un aumento de costos medidos en dólares en todos los eslabones. Para ejemplificar, entre julio de 2025 y junio de 2026, el tipo de cambio se movió un 23% y la inflación un 34%. En la planificación 2026/2027 se asume que esta distorsión se va a mantener, lo que obligará a un nuevo salto de competitividad. Por supuesto que la suba de precios de los granos de estos días, sumado a precios ganaderos en buenos niveles, han mejorado el ánimo y la expectativa en esas dos actividades. Todavía falta un salto en los valores de la leche para que los tambos se sumen al nuevo escenario.

El factor común, tanto para la macro como para la micro, será el clima. La expectativa de un año llovedor siempre suma para bien, aunque cuando se anuncia un posible exceso de “super Niño” queda un cierto temor preventivo. El clima está muy incorporado en la agenda para la toma de decisiones.

El financiamiento crediticio está jugando un papel relevante. Los créditos al agro se están segmentando fuertemente por moneda: pesos en torno a tasas del 20%-30% anual para las mejores líneas específicas, sumado a una oferta creciente de crédito en dólares con tasas entre 0% para insumos con convenios comerciales y 5% a 7% para algunas inversiones. Es importante aclarar que hay que buscar líneas que tengan bonificaciones o convenios comerciales y evitar tomar “la tasa del mostrador”, porque hay diferencias importantes. Mucha cabeza y tiempo puesto en este rubro.

Las expectativas empresariales las vemos orientadas a tener un plan productivo equilibrado y eficiente, buscando financiamiento de capital de trabajo adecuado a la rentabilidad esperada. Y enfocando en realizar las inversiones que generen mayor impacto en la competitividad de corto y mediano plazo. 

EN QUÉ ANDAN LAS EMPRESAS

Durante los meses de julio/agosto se publicaron los datos de las encuestas SEA de Crea y Ag Barometer de la Universidad Austral. Dos encuestas independientes, con distintas metodologías, que miden el ánimo del campo argentino. Trabajamos con IA para ver coincidencias entre ambas, entendiendo que es un buen reflejo de las conductas y preocupaciones de las empresas. A continuación los puntos a resaltar.

      Ambos índices  de confianza retrocedieron en parámetros similares respecto de su medición anterior, y ambos siguen bastante por encima del registro de un año atrás. Eso ya no es un dato de CREA ni un dato de Austral: es un hecho del sector. Ninguna de las dos describe un derrumbe. Describen un techo. Ambas venían de varias mediciones consecutivas de mejora y ambas se detienen en niveles altos en perspectiva histórica. 

      Coinciden también en algo más: la distancia entre lo que el empresario declara y lo que efectivamente hace. El relevamiento de Austral encuentra que la mayoría considera que es buen momento para invertir, pero que sólo una parte de esa mayoría piensa concretarlo en el corto plazo. Y encuentra que dos de cada tres productores que retienen soja lo hacen para pagar alquileres y gastos de campaña, no para especular con el precio. La mercadería sin vender es capital de trabajo. Es la misma conducta que muestra la SEA por otras vías: compras de fertilizantes y fitosanitarios retrasadas, refinanciación de deuda extendiéndose, capital inmovilizado en saldos impositivos. Dos encuestas, indicadores completamente distintos, la misma conclusión. El optimismo se declara; la caja se administra a la defensiva.

 –       Y coinciden, por último, en dónde está el deterioro real. No en el ánimo sino en las finanzas. Los subíndices de situación financiera —la presente y la esperada— son los que más caen en el relevamiento de Austral, y son los mismos frentes que la SEA marca en ganadería y en lechería.

Las dos mediciones dicen lo mismo y conviene prestarles atención, precisamente porque no se copian: el ciclo de mejora de la confianza se detuvo, el sector sigue mejor que hace un año y el problema ya no es el ánimo sino la liquidez. Cabe además una advertencia sobre ambas. Los dos paneles representan a la franja media y alta del sector: empresas de escala, profesionalizadas, con acceso a información y a crédito. Que allí aparezcan refinanciación creciente, compras demoradas y venta de mercadería para cubrir gastos corrientes sugiere que en el resto del universo productivo el cuadro es peor, no igual.

NEGOCIO AGRÍCOLA

El mercado internacional sigue afectado por las mismas causas que mencionamos en informes anteriores. La geopolítica (EE.UU.- Irán, Ucrania-Rusia), la guerra comercial y la oferta y demanda mundial. La combinación de estos factores potencia o deprecia los mercados en forma significativa e instantánea. Las dos novedades más importantes en el último mes fueron el incremento de acciones bélicas sobre puertos y barcos en la zona del estrecho del Bósforo. Tanto Ucrania como Rusia se encuentran entre los mayores exportadores mundiales de trigo, maíz y aceite de girasol. Todo barco que zarpa desde puertos clave como Odesa, Chornomorsk o Novorosíisk debe cruzar obligatoriamente el Bósforo. Pasa el 29% del comercio mundial de trigo, 12% del de maíz y una gran parte del de aceite de girasol. La sola incertidumbre de poder afectar o retrasar la logística y el abastecimiento de estos productos impacta fuertemente en el mercado. No es que falta mercadería, es que estaría afectada la logística de la misma, que es muy distinto a los razonamientos habituales de oferta y demanda cuando analizamos mercados granarios. 

Por otro lado China incrementó sus compras de soja a EEUU. Si se lo compara con el mismo mes del año anterior, compró 4 Millones de toneladas versus cero del año pasado, en plena guerra comercial. Estas subas de mercado se reflejaron en el plano local en las cotizaciones de los distintos granos, teniendo precios tanto sobre mercadería disponible como futura (nueva campaña) que hace tiempo no se veían. La Bolsa de Comercio de Rosario confirmó en su informe semanal que los precios de cosecha para maíz, trigo y soja en Argentina alcanzaron máximos de cuatro años. Otro dato importante es que el productor que lo puede hacer, está reteniendo soja. De una producción estimada de 50 M de tn, las ventas con precio son solo 17 M tn, es decir que solamente el 34% de la soja tiene precio.

Por otro lado, el trigo disponible y futuro han reflejado en su aumento de cotizaciones los problemas internacionales. Momento de decisiones en mercadería disponible y futura, ya sea venta o coberturas poniendo pisos y dejando abierta la posibilidad de captar alzas en las cotizaciones por un alto porcentaje de la producción.

NEGOCIO GANADERO

Hace cuatro meses que los precios están quietos. Por suerte podemos decir que quedaron “estancados” en un buen nivel. Y además las expectativas positivas para el negocio se mantienen.

Los precios del novillo y novillito gordo están en el orden de los 8000 $/kilo de carne, lo que representa un valor en pie de 4600 a 5000 $/kilo. La invernada que estaba en los 6500 $/kilo muestra síntomas de recuperación en niveles del 2% al 4%. El segundo semestre se caracteriza por tener menor oferta de lotes de terneros. Esto pone la relación de compra/venta en valores superiores a 1,40, un valor que incide directamente en la rentabilidad potencial de los feed lots. Esto potencia la necesidad de ese eslabón de aumentar eficiencia y reducir todo lo posible el costo por kilo producido. Hoy los feedlots están llenos (con hacienda propia o dando hotelería).

La oferta y la demanda siguen siendo determinantes. Por un lado, la faena ha bajado cerca del 10% medido en cabezas en el último año. Esto ha sido compensado parcialmente con un peso de faena que pasó de unos 225 kilos/cabeza a algo más de 240 kilos/cabeza. O sea que, en promedio, la oferta de carne ha caído cerca de un 7%. Mientras que la demanda, sumando consumo interno estable y demanda internacional creciente, se mantiene firme. A nivel interno se mantiene el consumo algo por arriba de los 45 kilos/habitante/año, un valor históricamente bajo pero estabilizado y con potencial de suba si los salarios mejoran por baja de inflación. Y la demanda internacional está traccionando fuerte en volumen y con precios internacionales firmes. China sigue siendo nuestro principal comprador en volumen y, por su propia situación interna, está obligada a pagar precios más altos para abastecerse. Estados Unidos es el segundo comprador, con algunas preferencias arancelarias que mejoran el resultado. Luego se ubican Israel y la Unión Europea, con mercados estables en volumen pero pagando calidad.

Se estima que esta menor faena en cabezas se va a sostener un tiempo más. Un indicador como el porcentaje de hembras en la faena se ubica cerca del 43%, mostrando que parece consolidarse una fase de retención de vientres. Y este proceso se está dando también en otros países como Paraguay, Uruguay, Brasil y EEUU. Ante un mundo pidiendo carne, la oferta se mostrará “amarreta” por unos años, lo que hace pensar que los precios acompañarán la recuperación del negocio ganadero.

La relación insumo producto entre el precio que recibe el productor y casi cualquier insumo relacionado con la alimentación (granos, verdeos, pasturas, silos) da favorable, con mejoras de hasta el 40%. Aprovechando la coyuntura se nota apuesta a la inversión en estructura, y en algunos casos a aumentar escala. También observamos muchas empresas donde se quiere dar a la ganadería el mismo impulso que se le ha dado a la agricultura, intensificando, manejando ambientes y aplicando más tecnología. Los créditos utilizando el propio stock como garantía deben permitir bajar tasas a niveles aceptables, en un ganar-ganar entre los bancos y la producción.

Ya hemos señalado que los precios nunca suben infinito. Que la habilidad está en potenciar las coyunturas favorables para mejorar competitividad. Esa mayor competitividad es la que brindará anticuerpos para sostener momentos futuros que sean menos favorables.

En el negocio de la industria, el análisis debe ser segmentado. Para los exportadores, después de un período no muy bueno, el negocio mejoró claramente por el fuerte aumento de los precios internacionales. Los márgenes han vuelto a terreno positivo, aunque la propia industria los describe todavía como ajustados. Para los frigoríficos de consumo interno, la situación es bastante más complicada. Menor faena, capacidad ociosa, costos unitarios mayores, subproductos de poco valor y fuerte competencia por conseguir animales, las ponen con rentabilidad ajustada. Hay plantas reduciendo actividad y casos de cierres o problemas financieros.

Para cerrar: ojalá la política haya aprendido que la carne no es un producto inelástico y que puede “intervenirse” fijando precios máximos o restringiendo exportaciones sin impacto negativo a mediano plazo. Las señales definen las acciones. El empresario ganadero está, el talento está. Hay que dejarlos actuar.

NEGOCIO LECHERO

No terminan de aparecer las buenas noticias. El último precio SIGLeA disponible, correspondiente a julio, fue de $527,47/litro, 1,8% superior a junio y 11,5% mayor que un año atrás, con una inflación del 34% en ese período. OCLA destaca que, llevado a moneda constante, julio de 2026 fue el precio más bajo para un mes de julio de toda la serie SIGLeA de los últimos diez años.

Para el 2026 se espera un aumento de producción en litros del 3%, o sea que la oferta se sostendrá. En julio la producción fue de 1.046 millones de litros, un 3,2% por encima de julio de 2025. En los primeros siete meses del año acumula un crecimiento de 4,9% interanual. Son ya 21 meses consecutivos con aumento interanual de la producción. 

En el mercado interno el consumo en equivalente leche se ubica en 192 litros/habitante /año, algo superior al del año pasado. El aumento de precio de los lácteos en mostrador en los últimos doce meses estuvo casi diez puntos por debajo de la inflación, lo que sin dudas ayudó a que el consumo no disminuya. Por el lado de las exportaciones aparecen mejores noticias. Ese destino ya representa casi el 29% del total de litros producidos, liderado por la leche en polvo (30%) y los quesos (15%). La mala noticia es que a nivel internacional los precios no repuntan, con un precio de le leche en polvo entera que se ubica casi un 10% menos que hace un año.

La industria está viviendo su propio proceso de transformación. En marzo, Arcor y Danone anunciaron la adquisición conjunta del 51% restante de Mastellone, con lo cual pasarán a controlar el 100% mediante un joint venture. Eso significa que el segundo gran procesador argentino pasa a formar parte de una plataforma mucho más grande de alimentos, logística y lácteos. Al mismo tiempo, SanCor continúa en proceso de quiebra y venta de activos, con distintos interesados y disputas judiciales todavía abiertas. También se está negociando la venta de plantas y marcas que pertenecieron o estuvieron vinculadas a SanCor con interés de jugadores como Tregar, Adecoagro, Punta del Agua y Elcor. El ranking más reciente muestra además una industria que sigue estando relativamente atomizada donde las 40 principales compañías procesan alrededor del 67% de la producción nacional.

Más allá de lo descriptivo, este es el escenario con el que hay que tomar decisiones en los tambos. Precio bajo de la leche y, ahora, precio de los granos y los alimentos en suba. Y, según la región y el tipo de modelo productivo, tomando decisiones frente a la llegada posible de lluvias por encima de lo normal en primavera. Ya se ha hecho en la mayoría un ajuste de costos y se han priorizado sólo las inversiones necesarias. Se busca eficiencia en todos los procesos y, como resultado, se siguen aumentando los litros como una defensa que permite licuar costos y tener más facturación. 

Falta bastante para ver a esta actividad con una rentabilidad adaptada a la inversión y el riesgo que asume.